jueves, 7 de agosto de 2008


EVIDENCIANDO EN NOSOTROS
LA NATURALEZA DIVINA DE DIOS

2da Pd. 1
Llama mi atención al comenzar a leer este pasaje bíblico la frase que el Apóstol Pedro usa...“añadir a vuestra fe “VIRTUD” y busco en sus acepciones y la designa como: Actividad o fuerza de las cosas para producir o causar sus efectos. También denota eficacia, vigor o valor, poder o potestad de acuerdo al Diccionario Encarta.

Asimismo, el Diccionario bíblico Caribe señala de Virtud como : Término que esencialmente denota el conjunto de cualidades tales como la moralidad, la bondad, el valor, que caracterizan a una persona o cosa y por lo cual adquiere renombre, excelencia o alabanza (Éx 18.21, 25; Flp 4.8; 1 P 2.9; 2 P 1.5).

El Apóstol declara que de manera que hemos huido del sistema del mundo,(2da P. 1:4.b) es decir da por sentado que así fue, entonces debemos aplicar a nuestra vida esta clase de conducta “...vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. (2da P. 1:5-7) ¡Qué hermoso!!!

Hermanos en la fe de Jesús, es más que claro que todas esta cualidades son relativas o inherentes al fruto del Espíritu Santo, de manera que jamás podemos desligarnos de sus frutos si ciertamente estamos en el amado, y por cierto hemos huido del mundo.

Este pasaje bíblico da por sentado que somos participantes de la naturaleza divina del Señor, somos uno en él, somos templo de Dios.

La diligencia debe ser nuestro estandarte, Jesús fue diligente en todo lo que hizo, a pesar de estar en un cuerpo de carne como nosotros ahora, fue tentado en todo, tuvo hambre, sed, lloró por el dolor de los demás, no obstante, fue diligente para que nosotros también lo fuéramos, fue diligente porque sobre sí pesaba la salvación de todos. Jesús se manifestó en carne porque además quiso demostrar a la humanidad que si se podía ser santo, si se podía vencer la tentación, ya que él lo logró, él venció por nosotros.

Demostrémosle a nuestro Salvador y dador de vida que no le defraudaremos, que así como él, salvaremos almas, sanaremos enfermos, resucitaremos muertos y que llegaremos al cielo de su mano hasta el final porque queremos verle cara a cara y besar sus pies y sus manos aquel día glorioso que entremos en su presencia por toda la eternidad.

Hermanos amados, él habita en nosotros por su Espíritu, él nos ayuda en nuestras debilidades, el fruto de Santo Espíritu está al alcance nuestro para que oportunamente podamos usarlo.

Somos participantes de su naturaleza divina, no la desaprovechemos

Por Marlene de Sama
Lic. Teología Egresada del Instituto Dios es Amor


Las personas enamoradas de Dios nunca envejecen
Sigue adelante que lo estás haciendo bien D.T.B

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